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15 junio, 2024
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Consejos de maternidad

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Reconozco que los consejos y las criticas a mi maternidad las llevo mal. No sé porque hay una parte de la población, sobretodo femenina, que se toma la libertad de opinar y dar consejos, cuando jamás los he pedido. Y ya toca mucho las narices cuando la que opina sobre tu forma de ser madre, a lo más que ha llegado, es a tía lejana por horas. A la próxima que me dé un consejo, le pego. Llave de judo y al suelo. Sin piedad.

Claro, que reconozco que muchas veces la culpa la tengo yo, con mi tendencia a contar todo lo que me pasa con los trastis. Supongo que me lo merezco, por boca chancla. ¿Qué queréis?.Tantas horas sola con ellos, sin compañía adulta, hace que cuando estoy rodeada de gente que no usa pañales y sabe decir más de cuatro palabras seguidas, mi incontinencia verbal se desate.

Bueno, pues allá voy. Como en cualquier casa donde hay niños por medio, las noches son ¿difíciles?. Vale, digamos difíciles.

Mi pirata comienza las noches como debe, en su cama. Y todas las noches rezo a San Judas Tadeo, patrón de las causas perdidas, para que aguante allí la noche entera.  Algo hago mal, o el santo se ha vuelto sordo, porque el pirata acaba despertándose a eso de las 3 de la mañana sin tener ninguna piedad de su madre.

Y no se despierta y ya está, porque tratándose del pirata, eso sería ponérmelo demasiado fácil, y está claro que por ahora, tal actitud, no está en sus planes.

Hace unos meses le dio por los cereales. Se despertaba, me pedía que lo llevara a la cocina y se plantaba con los brazos en jarra delante de la despensa.  Entonces gritaba:  ¡Aales, aales ¡

Me costó descubrir que lo que quería mi niño eran cereales.  Que es que a veces, hace falta un diccionario para entenderle y mas a esas horas intempestivas. Niño, ten piedad de tu santa madre, hijo; que tengo sueño.

Bueno, pues saco los cereales y el pirata coge un único cereal con esos deditos pequeños y regordetes. Se aferra al cereal como Golum al anillo. Lo acuesto con tal tesoro entre sus dedos, y así, consigue dormirse.  El problema viene al día siguiente, cuando me vuelvo loca en busca de cereal perdido. Una odisea hasta que doy con él, convertida en una Indiana Jones cualquiera. Para lo que hemos quedado.

Todo muy bonito y educativo; recordándome lo bien que hago las cosas con mis hijos. La puñetera conciencia no para de darme la paliza, diciéndome que eso no es ser buena madre;  pero  yo necesito dormir.  Y la guapita que se atreva a discutir con un niño de dos años a las tres de la mañana, cuando hace tiempo inmemorial que no duermes, pueeeesssss……. ole por ella, es mi ídolo. A mí, me vence el sueño. Y lo peor es que esto ha ido evolucionando y la cosa ha llegado a mayores. A muy mayores, la verdad.

Sin más, mi niño pasó del cereal y ahora se lleva cualquier cosa comestible a la cama. Y yo que solo pido dormir más de 4 horas seguidas, se lo consiento. Ya, ya lo sé. Lo hago fatal, estoy alimentando un bucle infinito de no dormir, llevarse comida a la cama, y búsqueda a la mañana siguiente. Mea culpa. Lo admito. Lo último, un fuet enterito que hizo que a la mañana siguiente tuviera que lavar todas las sabanas con tal pestazo a salchichón. Pero eso sí, dormimos todos….

Sin embargo, una cosa es que yo admita que hago cosas mal y me ganen las ganas de dormir y otra, que alguien se atreva a opinar sobre mi maternidad.  Le conté esto a una conocida sin hijos,  buscando algo de comprensión; pero ella con la seguridad que te da la ignorancia, me contestó: A los niños hay que educarlos.

El fugaz comentario fue demoledor para mi autoestima maternal.  Se me ocurrieron tantas cosas que responderle, que opté por hacer una mueca y callarme. ¿De qué iba a servir acordarme de toda su familia y decirle todo lo que se me pasaba por la mente? Simplemente lo deje ahí y pensé: a ti también te llegará, mona.

Y  luego están  las madres tipo Sherlock Holmes. Son aquellas que te informan de lo que les pasa a tus hijos. Por si tu, que aunque te pasas la vida con ellos pegados a la chepa, eres tan inepta, que no te has dado cuenta. Tal tipología de madre está más extendida de lo que nos creemos. No son solo tu suegra y tu madre, que esas también; (aunque estas, por lo menos, son familia), es la cajera del supermercado  o la peluquera.

Por ejemplo. Tus hijos llevan desde tiempo inmemorable constipados. Vamos, todo el invierno. Tú le das la importancia que tiene, o sea ninguna; pero de repente llega la Sherlock Holmes de turno y te dice:

_ Estos niños están muy constipados, tienen moquitos, tendrás que ponerles algo mas abrigados.

Una caña descubriendo grandes secretos, oiga. Vamos a ver, señora.  ¿De verdad se cree usted que no sé que mis hijos destilan mocos verdes?. Gracias. Gracias por hacerme ver la luz. Sin usted, yo jamás habría caído en la cuenta que mis hijos tienen  algo tan grave como… un resfriado común.  Y la chaqueta no se la pongo, porque ya parecen el muñeco de Michelín y no  es cuestión que en vez de andar, tengan que dejarse rodar por el suelo. ¿Algún problema? Pues se va callando usted que nadie le ha preguntado.

Pues sí, puedo ser mas antipática todavía, no es difícil para mí;  pero creo que con esto, la señora en cuestión ya habría cogido la indirecta. Si me atreviera a decirlo, claro. Que por falta de ganas no es. Más bien es por pereza. Así soy yo, haciendo amigos a cada paso….

De verdad, ya tenemos bastante con criar a nuestros hijos, dormir poco y tener siempre la sensación de que no llegas a nada, para que vengáis a tocarnos la moral, por no decir otra cosa. Dejadnos en paz con nuestras imperfecciones, que al menos no nos metemos con nadie. Y si quiero aprender, tranquilas, que para eso están los libros. Y mis hijos. Que hacen que no me olvide que, en esto de madre, nadie sabe más que nadie.

Eso sí, mis hijos son míos, y de mi maridín claro; así que,  en sus mocos, mando yo. Faltaría más.

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