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21 febrero, 2024
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A mi me duele mi hijo

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Cuando una se convierte en madre, de repente se da cuenta del significado de muchas cosas. Una de ellas es lo que quiere realmente decir aquella famosa frase de “A mí me duele mi hijo”.

A mí me duele mi hijo, es, en verdad  “como te pases con él, te arrastro del pelo”. Y siento ser tan explícita, pero todo lo que tragarías por ti, es inversamente proporcional a todo lo que darías por saco para que tu hijo no sufriera daño alguno.

Que te duela un hijo no es como cuando te duele un pie o una oreja. Al que le duele un hijo, le duele en lo más profundo del alma, allí donde se esconden los sentimientos más puros.

Cuando te conviertes en madre, te conviertes en loba y si bien la educación y la sociabilidad no te dejan actuar como la macarra de turno, más de una vez irías repartiendo guantazos por ahí, para evitar que tus hijos sufran.

Recuerdo cuando los trastis aprendieron a decir hola y adiós. Iban por la calle saludando a diestro y siniestro, ajenos a que el mundo no es tan maravilloso como ellos creen. Algunas personas les contestaban sonriendo; pero siempre había algún chafardero que no entendía la fiesta que para mis hijos era, el simple gesto de saludar.

-Mamiiii no me diseeee (mami no me dice).

Me decía la princesa mirándome con cara de extrañada.

-Es que no te ha visto, cariño.

Entonces, reprimía mis ganas de agarrar al susodicho por el cuello y decirle:

-Ahora mismo le contestas a la niña o te doy un mandoble en la boca que se te caen todos los dientes.

Yaaaaa, la violencia no es el camino. Lo sé. Pero oer, como molesta que le hagan desprecios a los tuyos.

Comentando esto con una amiga, me decía que lo peor es ver como tus amigos o tu familia no demuestra el mismo interés por tu hijo que tú. Tú quieres a ese niño más que nada en el mundo y es difícil aceptar que no es el centro del universo para todos los demás.

Mi amiga es del norte de España pero vive en mi ciudad más de 10 años. Como tiene a su familia lejos, viaja por lo menos 4 veces al año a su pueblo. Quiere que su familia ame tanto a su descendiente como ella. Pero inevitablemente se topa con la cruda realidad.

Ains hija, nosotras llegaríamos hasta el infinito y mas allá por estar un  minuto con nuestro crio; pero por eso mismo, porque es nuestro. Para todos los demás es un niño maravilloso, al que quieren, pero, no te engañes, no les duele como te duele a ti. (Dejo aparte aquí, a aquellas abuelas entregadas que quieren a los nietos más que a sus propios hijos, que las hay).

Por eso más de una vez se ha recorrido 800 km para estar con los suyos. Para que su heredero disfrute de todo aquello que ella disfrutó en su día y se ha encontrado con un panorama, digamos, poco afable.

Que mal ha hecho aquel anuncio del turrón. Vuelve a casa por Navidad. Y cuando llegas a casa, uno se ha pirado a la nieve, el otro se va a casa de sus suegros, tu madre está cansada y dice que este año hace unos montaditos y una sopa de sobre, y tu hermana la pequeña, que es la única que está en casa, le planta un beso a tu hijo y le hace un par de carantoñas, no sin antes soltar por esa boquita que Dios le ha dado:

– Este niño no es de la familia, es un poco antipático.

Normal! Le habían dicho que iba a una casa donde la gente se moría por verlo  y ahí no queda ni el tato. Mucho guasap diciendo cuantas ganas tienen de ver al infante y cuando llegas, esperando el confeti y la banda de música, ahí cada uno va a la suya. Ni familia, ni perrito que te ladre. Ni mucho menos alfombra roja.  Y  ti te pasan por la mente escenas de Rambo con el rifle al hombro.

De repente te das de bruces con la pura realidad. Tu hijo te duele a ti.

Y quieres demostrarles a todos el ser tan maravilloso que es, a tu familia, a tus amigos. A ese niño del parque que le ha dicho que no quiere jugar con él. A ese amigo de clase que ha decidido que invita a otro amiguito a su casa pero no a tu hijo. A ese profesor que lo trata como a un niño más y no sabe ver que el tuyo es especial. En fin, a todos aquellos que no tienen en el centro del universo a tu hijo. Porque querida, tu hijo es tuyo, y  solo a ti te va a doler de esa manera.

Así que, supongo que hay que enseñarles, que ahí fuera, en el mundo, son uno más. Un ser fantástico, pero uno más.  Que mamá y papá les quieren por encima de todas las cosas, pero que el universo entero no piensa lo mismo. Y que no pasa nada.

Lo siento, amiga, esto es así. Para eso eres su madre. Aunque te de una patada en el higadillo.

Y a vosotras ¿qué es eso que os duele desde que sois madres?

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